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17 mayo 2014

Más allá de la escuela, qué


Comparto con ustedes, mis palabras por el acto  público por la Semana de Acción Mundial Por la Educación en el que me tocó estar en el panel “Políticas prioritarias para el avance de la Educación Inclusiva en el Perú” con el tema:  Más allá de la escuela, qué

De grande quiero ser…
Seguramente todos nos hemos hecho esa pregunta cuando ibamos creciendo, y es muy probable que los grandes nos hayan preguntado ¿que queríamos ser de grandes? ¿no?. En mi familia, si se hacía esa pregunta pero no era algo que le dieramos mucha importancia, por momentos era parte de la conversación o del juego.


¿Más allá de la escuela, que? Gracias por hacerme esa pregunta para este panel. Lo primero que se me viene en la mente es recordar una época cuando estaba en secundaria, me acuerdo claramente a los reclutadores de universidades que venían al colegio a hablarnos sobre su universidad, su campus, su plana docente y sobre todo las carreras y opciones que ofrecían. Habían charlas de orientación vocacional, fechas para exámenes de ingreso y otros examenes que podrían ser un requisito como el TOFL, SAT, incluso a veces venían personas a explicarnos su trabajo/profesión.

Supe despues que la oficina de tutoría y atención a alumnos con dificultades de mi colegio también hablaron con los reclutadores, porque a mí también me buscaron como a una más del montón, me hablaron y me dieron información. Una vez más no le di mucha importancia, y guardé los folletos y papeles que me habían dado las universidades.

Al principio no me la creí. Dije ¿yo? ¿universidad? ¿Para qué?, a la justas puedo con el colegio.

Un tiempo despues, mi hermana mayor (nos llevamos un año y dos meses), nos anunció a todos en la familia que había tomado la decisión de irse a estudiar al extranjero, a Wellesley University en Estados Unidos. Ví que todos en la familia se alegraron por ella, y cómo no, yo también.

Muchos meses después, llegado el momento, mi hermana agarró sus maletas y se fue. Mi padre estaba orgulloso y feliz por la partida de mi hermana, y mi mamá lloró durante un tiempo. Ahí volví a sentir algo y me dije, cuando yo sea grande también quiero ser como ella e irme sola a la universidad. Pero… ya era grande! Me faltaba un año para terminar el colegio nomás.

Esperé un tiempo y les dije a mis padres: Si ella (refiriendome a mi hermana) se fue a la universidad, pues yo también, copiona total.

Seguro que la noticia les cayó como un baldazo de agua fría, porque no se lo esperaban para nada. Sin embargo, mi padre me contestó con una palmada en la espalda como diciendo, por supuesto que sí.

En el colegio, hablé con la oficina de tutoría y atención a alumnos con dificultades, sobre todo con mi profesora Rosita y se alegraron por la noticia. Juntos tuvimos una reunión en la que me hicieron muchas preguntas y revisamos los folletos de las universidades que me habían entregado información. También revisamos mis notas, y hablamos sobre las expectativas que yo tenía para estudiar en la universidad entre muchas cosas más. Escogí la carrera de educación y tenía muy claro que quería ser profesora. De aproximadamente diez folletos de universidades, seleccionamos a dos y conjunto decidimos que eran las más apropiadas para mí.

En casa, con ayuda de mis padres, llenamos la solicitud y la enviamos luego con todos los papeles que necesitaban. Luego de dos meses, llegó la respuesta de una de ellas en una carta, ¡me habían aceptado! No se imaginan la emoción que sentí en ese momento, y me acordé como se había sentido mi hermana – me sentí grande.

Y así fue entonces que me fui, la univresidad que escogí y me aceptó – Pine Manor College, quedaba a tan solo 30 minutos de la universidad de mi hermana en Boston, era pequeña aprox 2000 alumnas en total y solo de mujeres. Para mí siempre ha sido más fácil entender y leer los labios a mujeres que a varones (ese fue uno de las cosas que discutimos con la oficina de tutoría del colegio). En las clases solo habían 20 alumnas por aula – perfecto para mí.

Pine Manor College, también tenía una oficina de tutoría y apoyo a alumnos con dificultades, así que me apoyé en ella todo lo que pude. Cualquier pregunta que tenía, o si tenía que repasar algo o buscar algo, ahí me ayudaban o encontraba la respuesta. Aún así con todo este apoyo, el primer año de universidad no resultó nada fácil. Pasé a la justas todos los cursos elegidos del primer año.

En el verano, de vacaciones en casa con mi familia, vi una nota en el periódico que me llamó la atención. Dos chicas sordas orgullosas portaban sus audífonos y hablaban de que estudiaban en Gallaudet University. No lo podía creer, le enseñe a mi papá y le dije de frente que mejor debía estudiar ahí, pues es para personas como yo que usan audífono. Mi padre me dijo, bueno- averigua sobre la universidad y me avisas.

Averigüé, conseguí información y me llegó por correo la solicitud de ingreso a Gallaudet, postulé y al cabo me aceptaron, todo esto en menos de un mes. Mi mamá no quería que fuera a estudiar ahí, pero mi padre si. Con la venia de mi padre es que me fui a Gallaudet.

Cuando llegue, me acompaño el Embajador del Perú ante la OEA y amigo personal de mi padre. En la Universidad, todos hablaban en lengua de señas y nosotros no entendíamos nada. Recuerdo que el Embajador me pregntó como tres veces, estás segura que es aquí, y si estaba segura de quedarme aquí. Miré a las personas que me rodeaban, la mayoría usaban audífonos de colores y hablaban en señas. Me di media vuelta y le dije al Embajador, sí aquí es y muchas gracias por dejarme. Recuerdo su cara de asombro por mi respuesta y se fue.

En total me quedé 5 años ahí, terminé mi bachiller en educación inicial y una maestría en educación temprana orientada a la familia para niños sordos de 0-5 años. En esa universidad aprendí lo que no había aprendido en toda una vida. Ahí aprendí lengua de señas, en la universidad toda la educación era en lengua de señas, y es así que aprendí con la misma rapidez que los demás, nunca más necesité apoyarme en la oficina de tuturía y apoyo a estudiantes porque no tenía barreras para el aprendizaje – todo, absolutamente todo lo entendía, y lo mejor no me perdía de nada, ni una sola palabra. Es más, me costó muchísimo darme cuenta que tanto podía hablar un profesor durante una clase, que tanto se habla en conversaciones con los demás, y sentí cuanto me había perdido en primaria, en secundaria y en las conversaciones con mi propia familia – todo por falta de acceso a la informacion y comunicación.


Para no alargar, una vez terminé la universidad, regresé al Perú y empecé a buscar trabajo. No fue nada fácil conseguir trabajo como profesora. Muchos colegios no me aceptaron formar parte de su plana docente por el simple hecho de ser sorda y porque me decían que no podía enseñar a niños sordos a hablar si yo misma no escuchaba.

Pero bueno, luego de un buen tiempo, conseguí trabajo y poco a poco fui haciendo carrera hasta el día de hoy que sigo trabajando.

Volviendo a la pregunta que me hacen en el panel ¿Más allá de la escuela, que?

¿Porque les cuento mi historia?, pienso que más allá de las políticas, porque creo que podemos rescatar algunas cosas de mi experiencia, así como podemos reflexionar en qué más hacer por los jovenes con discapacidad en esta fase de transición entre la escuela, educación superior y luego el trabajo.


  1. Sería muy valioso e importante que los colegios involucren a los chicos y chicas con discapacidad en las actividades de orientación vocacional – así como se tomen el tiempo de hablar con ellos sobre e su perfil, expectativas y ayudarlos a analizar las posibilidades que tienen a futuro.
  2. Las universidades e institutos de educación superior deben invertir en mejoras en infraestructura, adaptacion de materiales, considerar intérpretes de señas entre otros para poder dar una buena atencion a personas con discapacidad que de quieran ir ahí o estén estudiando ahí. Asi mismo deberían trabajar en una estrategia para reclutar jovenes con discapacidad y desarrollar adecuaciones y ajustes razonables según las personas para que puedan estudiar en iguales condiciones que los demás. Las Universidades e instituciones de educación superior se enriquecerán al contar con mayor diversidad estudiantil, y les aseguro que van a sorprender de tener alumnos talentosos al igual que alumnos sin discapacidad.
  3. Los programas de promoción laboral para personas con discapacidad (en entidades del estado, ongs, y otros) deben fortalecerse para que puedan ser un nexo entre los jovenes y las entidades que buscan incorporar nuevos colaboradores.
  4. Las entidades contratantes (tanto sector público como privado) deberían hacer un esfuerzo por mejorar sus estrategias para reclutar personas con discapacidad. Existen muchos estudios que señalan que los trabajadores con discapacidad son igual o más productivos que las personas sin discapacidad, además que son bastante leales y comprometidos con su trabajo entre otros aspectos positivos.
  5. Es importante que personas con discapacidad que han logrado culminar estudios, y ejercen su profesion u oficio puedan dar charlas a los jovenes con discapacidad y a sus familias – no hay nada mas motivador que ver a otra persona como tu que logra lo que se propone.
  6. Pienso que se debe hacer difusión sobre la convención y sobre los derechos de las personas con discapacidad en jóvenes con discapacidad – para que estén atentos frente a las posibles vulneraciones que pudieran presentarse. El hecho de saber cuales son sus derechos, haría que uno no se deje sentir menos o enfrentar situaciones de discriminación al ingreso a una casa de estudios, al buscar trabajo, entre otros.
  7. Finalmente, las inclusión empieza siempre por casa, las familias deben educar, dar oportunidades y apoyar a cada uno de sus hjos por igual. Así me trataron, y buscaron el mismo trato fuera de casa, en el colegio, y en otros ámbitos de la vida cotidiana. Mi madre siempre luchó por que yo fuera tratada como a una chica más del monton y no como la especial o diferente del colegio.


Es importante destacar que la nueva Ley General de la Persona con Discapacidad Ley N° 29973, aprobada en diciembre del 2012, dispone en su artículo 35 que la persona con discapacidad tiene derecho a recibir una educación de calidad, con enfoque inclusivo y que responda a sus necesidades y potencialidades, en el marco de una efectiva igualdad de oportunidades; que el Ministerio de Educación regula, promueve, supervisa, controla y garantiza su matrícula en las instituciones educativas públicas y privadas de las diferentes etapas, modalidades y niveles del sistema educativo nacional; y que ninguna institución educativa pública o privada puede negar el acceso o permanencia de una persona por motivos de discapacidad.

Para concluir, educar en la diversidad significa practicar y respetar principios de igualdad y equidad a los que todos tenemos derecho y que todos logren aprendizajes sin que nadie se quede atrás, no solo en la escuela, sino en demás etapas de la vida más allá de la escuela, tal como señala el lema de la Semana de Acción Mundial 2014 "Iguales derechos, iguales oportunidades". 
Muchas gracias.

16 de Mayo de 2014

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