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27 septiembre 2012

La deserción escolar en niños sordos se ha incrementado en el Perú



Para una verdadera inclusión en los colegios regulares a las personas con discapacidad se requiere tener una visión integral sobre el tema: presupuesto para la adaptación de las barreras físicas, contar con materiales educativos accesibles para las diferentes discapacidades, profesores capacitados, entre otros.

La “educación inclusiva” para niños con discapacidad no está dando sus frutos. En el caso de niños con discapacidad auditiva, habría aumentado la deserción escolar ya que muchos no entienden nada de lo que les enseñan en las escuelas regulares. A menos de un año de la década de la Educación Inclusiva, el Ministerio de Educación no tienen estadísticas sobre la deserción y tampoco parecen estarse tomando las medidas del caso.

Marita Padilla es pedagoga y tiene 18 años trabajando con niños sordos. Es co-fundadora de Fundación Pro Derechos Sordos Perú (Fundesorp), un centro de atención a niños sordos que funciona como colegio. Por las tardes, niños con esta discapacidad de diferentes edades llevan clases de reforzamiento en comunicación, en matemática, en historia dictadas por una profesora, con la misma discapacidad, la misma que les enseña lenguaje de señas.

El método de Fundesorp es enseñarles a los niños a comunicarse a través de la Lengua de Señas primero para después enseñarles el lenguaje español, instruirlos en lo que se llama el lenguaje bilingüe para que se puedan comunicar. A las clases asisten niños de diferentes distritos como Villa El Salvador, Ventanilla, Manchay, Los Olivos, y de diferentes colegios. La mayoría proviene del colegio Ludwig Van Beethoven, especializado en niños con sordera, creado durante el gobierno de Alan García. Tienen que asistir a las clases de Fundesorp porque no entienden lo que les enseñan.

Ana Rosa tiene 12 años. Es sorda desde que tenía 3. Turna sus cursos del colegio Beethoven, al que asiste en las mañana cursando el sexto grado de primaria, y tres veces por semana debe asistir a sus clases de Fudesorp, asiste en las tardes para poder aprender lo que le es negada en el colegio de educación “inclusiva”. Ella nos señala en lenguaje de señas que no aprende nada en su colegio inclusivo (Beethoven); su testimonio nos relata discriminación. “Tenemos sólo un profesor. A los sordos nos dan poca información sobre un tema. Cuando tengo dudas y pregunto, la profesora me ignora. Nos separan en dos grupos a los sordos y a los oyentes. A ellos les enseñan más, a nosotros nos enseñan en nivel básico. No entiendo las clases porque hay un solo intérprete que va sólo los lunes. Cuando quiero comunicarme con la profesora ella me ignora”, dice Ana Rosa en lengua de señas.

Comparte el salón con otros niños sordos de diferentes edades. Luis Ángel de 15 años viene del colegio “José Baquíjano y Carrillo” de Lince. Cursa el primer año de secundaria y, en lenguaje de señas, dice que tuvo que dejar el colegio porque no entiende nada. Es uno de los varios niños sordos que fueron “incluidos” en los colegios de educación regular y comparte carpetas con compañeros oyentes. En su clase había cinco alumnos sordos, ahora sólo quedan dos. Han desertado porque “las clases son pésimas”, dice Luis Ángel. “La profesora habla y habla y no entiendo nada. No tenemos intérprete”.

Actualmente, hay en 342 instituciones educativas públicas y 115 Servicios de Atención y Asesoramiento a las Necesidades Educativas Especiales (Saanee). 4,477 instituciones educativas públicas de nivel primaria inclusiva que reportan al menos un estudiante con discapacidad.

La realidad de los alumnos con discapacidad auditiva que están desertando de sus clases en colegios regulares refleja que la llamada inclusión educativo aún no ha superado varias dificultades. Hay que recordar que el 2003, durante el gobierno de Alejandro Toledo se divulgó la ley de inclusión para personas con discapacidad, el Decreto N° 076 dentro del marco de la “Década de la Educación inclusiva, 2003-2012”. Hasta ese entonces había colegios especiales para personas con discapacidad visual, auditiva, para niños con alguna discapacidad. Con esta ley todos los colegios especiales fueron reemplazados por los Cebes (Centros Básicos Especiales) que atienden sólo a niños con discapacidad severa, con retardo mental o con dos o más discapacidades. De acuerdo a la norma, los otros niños con discapacidad serían trasladados a escuelas regulares. Bajo esta nueva política “inclusiva”, todas las instituciones educativas tanto públicas como privadas deben atender a estudiantes con discapacidad y garantizar su permanencia y una educación de calidad.

En contraste, Marita Padilla dice: “La deserción escolar en niños sordos se ha incrementado. Lo único que ha presentado el Ministerio de Educación son cuadros estadísticos de “éxito” de la inclusión basados en la matrícula de niños a los que sacaron las escuelas especiales para colocarlos a colegios regulares. Yo lo llamo colocación y el Ministerio lo llama inclusión. No hay resultados favorables. Se ha hecho una inclusión sin analizar la realidad de los docentes que no están preparados ni siquiera al nivel educativo de los niños oyentes. El nivel de educación es bajo y además no tienen la capacidad y las metodologías para atender a los niños con discapacidad”.

Mientras tanto, Ana Rosa quiere ser chef y está preocupada, dice, porque no sabe dónde estudiará el próximo año, cuando acabe la primaria pues el colegio Beethoven no tiene nivel secundario. Pronto, quizás sea una más dentro de las estadísticas de personas con discapacidad que están fuera del sistema educativo.

Es necesario garantizar la calidad de la educación que reciben los estudiantes con discapacidad en el país, asegurar que la inclusión educativa no genere exclusión dentro de las aulas.

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