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15 octubre 2008

Anécdotas de familia: … ¡ya te escuché!

Para las personas que no me conocen, soy una persona sorda, utilizo la lengua de señas, así como puedo expresarme verbalmente y leer los labios en castellano. Tengo un hijo oyente de dos años que me ha traído muchísimas sorpresas, y situaciones de asombro que no puedo dejar de pasar.
Es increíble lo capaces, perceptivos y absorbentes que pueden ser. Como madre, y profesora con especialidad de educación temprana de niños con sordera no dejo de sorprenderme con situaciones en las que me doy cuenta que mi hijo entienda y reconoce mi condición de persona sorda.
Hace un par de semanas en horas de la mañana, mientras mi hijo Sebastián terminaba de tomar su leche con el biberón y estaba viendo atento un programa de televisión, lo saludé con un ¡Hola!, pero como seguía viendo la televisión, pensé que quizás no me había escuchado o yo no había hablado lo suficientemente fuerte (situación que sucede con frecuencia pues no se que tan fuerte estoy hablando). Repetí el saludo ¡Hola!, ni caso hizo. Hice un tercer intento un poco más fuerte ¡Hola!, inmediatamente, volteó la mirada fija a mis ojos y me dijo pronunciando con mucha claridad y despacio “Ya te escuché” luego sonrió y volteo a seguir viendo su programa.
Esta anécdota la he comentado con familiares y amistades que conozco, y como muchas veces me sucede, me quedo con la impresión de que no me expresé bien.
En este post, quiero profundizar el porqué esta situación me causa tanto asombro y me conmueve de una manera que no puedo explicar.
Recuerdo innumerables situaciones tanto de mi niñez como de mi adolescencia y vida adulta la cantidad de veces en la que hablo y no se que tan fuerte estoy hablando aún esté usando el audífono. La reacción de mis familiares y las personas que han estado conmigo siempre me respondían de la misma manera que lo hizo mi hijo.
Este tipo de casos, me ponía siempre un tanto incómoda, porque sentía que no me hacían caso y tenía repetir dos veces o hasta tres veces lo que estaba diciendo. Parece mentira pero, con frecuencia olvido que las personas oyentes pueden estar escuchándote sin necesidad de estarte mirando a la cara. Esta situación se ha repetido tantas veces, que es algo que ya uno lo supera y lo toma deportivamente. Pero el hecho que mi menor hijo haya reaccionado de esta manera, me ha hecho pensar muchísimo. ¿Será que el ha observado a otros que hayan respondido de esa manera?, me parece que no.
Con esta situación, se confirma mi percepción que mi hijo sabe que su madre es una persona sorda y que tiene mirarme a la cara cuando me habla sin que nadie le haya dicho nada. Anteriormente siendo más pequeño he tenido otras anécdotas y situaciones distintas, pero nada como esto.
Este tema me conmueve porque para mí es muy importante que sepa que soy una persona sorda, y que actúe de la manera más normal a tan temprana edad. Creo que esta situación me hace colocar un punto final a este fastidio que siempre he tenido en este tipo de situaciones por más deportivamente que las haya tomado.

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